domingo, 1 de julio de 2012

Las Civilizaciones


  Una de las primeras acciones de Caín luego de la muerte de su hermano, es la fundación de una ciudad (Henoc); quizás, el acto de materialismo más trascendente en la historia del hombre. Y he aquí una dura prueba que deberá sortear esta teoría sobre la concepción de materia vs espíritu. Si en efecto Dios no estaba de acuerdo con la evolución del hombre hacia una materialidad cada vez más definida, tendría que haber mostrado serios recelos ante la consubstanciación del hombre con la materia, de su arraigo con ella, de su (como nos muestra la leyenda de Caín) modificación material del medio ambiente en beneficio propio, y por ende de la construcción de grandes conglomerados humanos; ya que estos son una exacerbación del poderío material de los pueblos. Si leemos los textos santos compilados por los dogmáticos de la fe (sobre todo del éxodo en adelante), Dios, parece promover y apañar no solo la ramificación humana, sino también la conquista de territorios mediante el uso de la fuerza y la construcción material de grandes palacios, ciudades, templos, y monumentos. Sin embargo, como bien he aclarado, eso es cuanto dicen los compiladores, personas necesitadas de dominar materialmente a otras personas, con el uso de la espiritualidad. Pero si indagamos con cierta minuciosidad, sobre todo en los textos más antiguos, podemos ver que hay muchos indicios en contrario, que llegan a nuestros días. Y una vez más cabe el ejemplo: si tomamos trozos sueltos de las más terribles tragedias de Shakespeare, podríamos escribir una comedia romántica, pero si leemos con cuidado, notaremos el mensaje oculto de la pluma original.
El diluvio: El mito bíblico del diluvio es, quizá, la más grande demostración de la disconformidad de Dios para con el mundo material. He aquí una manifestación de arrepentimiento ante la creación, que suele colocar en un aprieto de difícil solución a la hora de defender la perfección de Dios. Si Dios es perfecto, entonces no comete errores, y si no hay error alguno en la creación de este mundo y sus criaturas ¿por qué arrepentirse de haberlo creado? Dicha contradicción entre perfección-arrepentimiento suele argumentarse, desde dentro de los dogmas, de mil formas; ninguna de las cuales logran resolverlo por completo. Sin embargo al leer libre de argumentaciones dogmáticas, se nos revela claramente que los autores originales no dicen que Dios se arrepiente del hombre, sino del hombre sobre la tierra, y no habla de destruir al hombre, sino de borrarlo de la faz de la tierra. Esto demuestra que Dios no busca destruir a su creación espiritual e inmaterial, sino solo a la degeneración en  carne de su creación espiritual e inmaterial. No sabemos, porque no hay nada en concreto, cual hubiese sido el fin del hombre, como creación inmaterial a imagen y semejanza de Dios, de haberse llevado a cabo una destrucción material absoluta  del mundo (sin salvaguardo de Noé), sin embargo podemos concluir (Por cuestiones que más adelante se comprenderán) que de haber sido así es muy probable que hubiéramos perdido toda redención.
 Es por esto mismo que Dios fija sus ojos en Noé, quien debe ser tomado, no como una persona real, sino como una representación del ser noble y abnegado en la voluntad de agradar a Dios, como forma de semejanza con aquel ser ideal del Edén al cual el creador busca preservar. Para sostener esta argumentación, vale mencionar que el nombre de Noé había sido puesto en referencia a que merced a él “serían liberados de la tierra maldecida por Dios”, y que además era descendiente de Set, hijo directo de Adán, quien vino a reemplazar a Abel y a su semblante simbólogico. Demostrando así que Dios no intenta subsanar un error cometido al crear al hombre, sino que está dando un primer paso en la liberación del hombre que representa el linaje de quien entendió el concepto creador de Dios, y de cuya consecuencia no puede librarse por sí mismo. Otra prueba sobre la no voluntad divina de destrucción total del hombre es que dentro del mito no hay ningún tipo de referencia sobre qué sucedería con el espíritu humano ante tal aniquilamiento, sino solo sobre las entidades materiales. Esto  no solo habla sobre la disconformidad de Dios por lo material centrando su enojo en ello mismo, sino que además revela que la destrucción total nunca estuvo en sus planes, pues de ser así tendría que haber alguna mención sobre qué sucedería a nivel espiritual (tal y como ocurre en el Apocalipsis).
 Así, Noé representa, por descendencia directa, el concepto de espiritualidad que será preservado en el arca; el resto del mundo es materialidad pura, y la voluntad del creador es detener esa imperfección. La alianza de Dios para con el hombre es clara desde esta perspectiva. A partir del diluvio, todos los habitantes del mundo serán descendientes directos de la espiritualidad de Set, mientras que los descendientes de la materialidad de Caín serán aniquilados. Así, todos, aún aquellos que cayesen en las garras de la obsecuencia a lo material, están sujetos a ser redimidos. El diluvio, simbológicamente,  no es más que la destrucción absoluta de un linaje material, elegido por voluntad propia de su ancestro directo (Caín), del cual nadie podría ser rescatado; en resguardo del otro, espiritual (Set), que, aun corrompiéndose a la postre, tendrá posibilidad de redención, pues la elección original hecha por propia voluntad, había sido la inmaterialidad original de la creación divina.
La torre de Babel: En la torre de Babel, se encuentra una de las manipulaciones doctrinarias más antiguas de la Biblia. Según nos han contado el pecado cometido por los constructores de la torre fue, únicamente, intentar llegar al cielo con ella para desafiar a Dios. Pero si indagamos en el relato, notamos que la torre, por sí misma, solo amerita un pequeño comentario. En realidad aquello que estaban construyendo, no era una torre, sino una ciudad; y la gran torre no era para desafiar a Dios, sino para que sus habitantes fueran reconocidos si abandonaban el país; como, por ejemplo, los de la ciudad de la torre. Siendo esto así, ¿por qué Dios se enojaría por dicha torre? He aquí la manipulación en el relato.
 Ya sea a sabiendas o por ignorancia, los compiladores de textos tuvieron que dotar de significado a un relato que, o bien iba en contra de sus intereses, o bien no comprendían. En contra de sus intereses, porque si Dios estaba castigando a los hombres por crear ciudades, cómo podrían ellos construirlas, habitarlas, y adornarlas con fastuosos templos. En contra de su entendimiento porque, si no entendían que Dios no quería que crearan ciudades, debían encontrar un por qué a la dispersión que diera origen a los distintos idiomas.
 Y he aquí otra argumentación a favor de la voluntad en contrario a las urbes. Los pobladores son, no solo diseminados, sino que también puestos a hablar en diferentes lenguas para que no continuaran con su labor. Es decir, Dios no solo destruye la ciudad que estaban creando, sino que además los dispersa irreconciliablemente para que no construyan otra. Así, podemos ver como un texto con un sentido enseñado a través de los siglos, cobra otro muy distinto, que también termina siendo muy incómodo para los dogmáticos que usufructúan la fe en pos de posesiones materiales, y templos ostentosos que, en algunos casos, terminan siendo ciudades en sí mismos.  
Sodoma y Gomorra: La historia de Sodoma y Gomorra es harto conocida, sin embargo hay ciertos detalles que suelen pasarse por alto, y demostrarían a las claras la voluntad divina contra los grandes conglomerados urbanos, por no ser más que vanagloria material de los pueblos. Lo primero digno de ser mencionado es que Abraham es notificado de cuanto va a suceder, porque pendía sobre el la promesa de convertir a sus descendientes en una gran nación. Y entonces tal suceso puede perfectamente ser tomado como advertencia, en tanto que instruyera a sus descendientes que Dios no veía con agrado la construcción de ciudades (También es de tener en cuenta que Abraham, jamás fundó o habitó una ciudad) Después de este hecho nos encontramos con los ángeles ya en la ciudad y aunque durante muchísimo tiempo se ha referido a los excesos de ese pueblo en torno a lo sexual, es mucho más fehaciente considerarlo desde el desprecio hacia los forasteros, como muchos en la actualidad argumentan (Y por ello mismo no me explayaré al respecto) ya que ello revela el desprecio hacia el hombre propiamente dicho; y el hombre es una creación de Dios que debe ser valorada.
 Sin embargo lo más significante en torno a la voluntad divina de no construir ciudades, está revelado en este mito, en lo que ocurre con Lot cuando es enviado fuera. Según el relato, los ángeles le ordenan que huya a las montañas pues allí estará a salvo; sin embargo Lot se niega. Y no solo se niega sino que además alega que: “a pesar de ser muy humilde… no puedo huir a las montañas”, e insiste con ir a una ciudad muy pequeña la cual, de tan pequeña, ni siquiera amerita ser destruida. Es decir, Lot, considera demasiada humillación el mandato de ir a las montañas, y solo está dispuesto a ir a otra ciudad, aclarando, quizá por conocer el descontento de Dios hacia las ciudades, que ésta es muy pequeña. La voluntad material del ser, es puesta de manifiesto en una negociación que revela cierta indulgencia de Dios, hacia la debilidad de la carne. Y el ángel termina aceptando no destruir esa ciudad y le permite refugiarse en ella. (Sin embargo, al final, Lot se refugia en las montañas, por lo cual el suceso antes descrito sería de mención innecesaria, si su significación no encerrara algo en sí misma)
 Pues bien, a parte de esto, la ciudad en cuestión no había sido mencionada anteriormente y sin embargo también sería destruida. Es decir, no solo las grandes y descarriadas Sodoma y Gomorra estaban sujetas a la ira de Dios, sino también, al menos una, pequeña e ignota ciudad más. Lot, argumenta a favor de la ciudad en cuestión, diciendo solo que es muy pequeña, y no que no es tan mala, lo cual también nos demuestra que el hecho condenable no estaba dado por una conducta de los moradores, sino por el solo hecho de ser una ciudad; y ya que era tan pequeña, la argumentación de Lot bien podría haber sido: Es tan chiquita que casi ni es una ciudad, sino un pueblo; entendiéndolo así el ángel y aceptando por esto, no solo el concederle ir allí, sino también el no destruirla.  
 Tampoco puede obviarse el genial broche de oro dado al mito, con la conversión en sal de su esposa al volver los ojos hacia atrás. La sal era, por mucho, uno de los valores materiales más grandes de la antigüedad y el cierre del relato es una moraleja perfecta: Quien vuelve sus ojos hacia la exacerbación de la materia, se vuelve materialidad pura.
Fin del Génesis: El fin del Génesis cierra un capítulo en el cual el mandato de Dios contra la materialidad y sus consecuencias parece haber sido comprendido en toda su magnitud. Prueba de ello es que los israelitas de este periodo histórico no fundaron ni construyeron ciudades, y jamás recibieron un mandato directo de Dios en tal respecto. Dios se refería a su futuro como una gran nación, pero jamás habló de construir ciudades para ello. Por esto mismo, si bien eran muchos, continuaban siendo pastores, como Abel; mayoritariamente nómadas, que vivían en tiendas o pequeños poblados. Mientras que muchos otros pueblos sí construían ciudades y algunos ya se conformaban como florecientes imperios. Los israelitas del génesis, sin embargo no construyeron ciudades ni aún al abitar en tierra egipcia, un fastuoso imperio.
  Como confirmación de esto, notamos al inicio del éxodo que, luego de ser reducidos a la condición de esclavos, la primera labor a la cual son forzados es la construcción de una ciudad. Pero no cualquier ciudad, sino la ciudad de Ramses, ubicada en la tierra que ellos venían habitando desde hacía décadas, y en la cual, ante la evidencia de este hecho, no habían edificado ciudad alguna. Por tal razón, es posible concluir que el Génesis es el libro referencial en cuanto al plan original de Dios para con los hombres. Y con el final del mismo, culmina un tiempo en el cual los escritores originales no estaban pendientes de la concepción dogmática, sino que su ahínco estaba puesto en la espiritualidad. 

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