Con Moisés, podría decirse que comienza
la utilización dogmática de la fe en el antiguo testamento. Si bien es menester
salvaguardar la figura, mítica o no, de tan importante personaje bíblico, éste
ya está fuera del más antiguo de los libros recopilados, y por ende su
construcción conlleva ciertos rasgos de dogma inocultable, desde su concepción
misma. Moisés, está fundando una nación, y como tal deberá darle leyes, moral,
educación, etc. Es decir, Moisés escribe (Suponiendo que fuera él quien lo
hiciera) porque necesitaba un dogma para gobernar a su pueblo. Por eso mismo con
el éxodo comienza otro periodo en los llamados textos sagrados, uno en el cual
la religión se institucionaliza y pasa a ser no solo la formadora moral de la
nación, sino también su sistema legislativo, judicial, y educativo; en el cual
se rige desde la rigurosidad en el ceremonial místico, hasta el tiempo y forma
de las cosechas, pasando por la curación de los hongos de pared en una vivienda,
o la recopilación histórica de la nación. Y todo ello no es más que dogma en mayúsculas.
Como dije al principio de este trabajo, “cuando las sociedades empezaron a
desarrollarse, las religiones, al ser las formadoras del individuo, tomaron la
delantera en el manejo social. Y el poder de ello emanado, llevó a la necesidad
de delinear determinados parámetros en las creencias, con el fin primordial de
circunscribir dicho poder en las manos adecuadas”. Teniendo en cuenta que
Moisés estaba guiando a su pueblo hacia la tierra prometida, no es de extrañar
que cuando el momento de alcanzar ese territorio está llegando, es cuando
comenzamos a notar un viraje (Por cuestiones que más adelante se verán) en la
animosidad de Dios hacia la construcción de ciudades como representación de la
materialidad desmedida de los pueblos. Tengamos también en cuenta que La Torá
encierra en sí cinco libros que son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y
Deuteronomio, siguiendo una estructura que; fundamentalmente concentra leyes,
normas de conducta, pautas sociales y una enorme filosofía y poética; y pretende
ser más o menos histórica. Quizá por
ello, al entramado histórico me refiero, el génesis es casi introductivo,
siendo los otros cuatro los más trabajados a nivel dogmático, y más aún al acercarse
en su viaje a su destino final.
Este hecho encuentra su correlación en las biblias
cristianas, donde los libros del antiguo
testamento (Si bien pueden ser más según la religión en cuestión) siguen el
mismo principio y fundamento. Por esto, aún cuando podemos continuar
encontrando pequeños trazos que abogan a favor del argumento de espiritualidad vs
materialidad en estos libros; dado el origen dogmático de los mismos,
ameritaría un trabajo demasiado extenso y controvertido que devendría en sendas
argumentaciones tanto a favor como en contra (Por ejemplo que el hecho de no
fundar ciudades estaba dado por el carácter nómada de los israelitas y no por
una voluntad en contrario de Dios, a lo cual podría argumentarse que ¿si esto
era así, por qué las referencias hacia la necesidad de destruir sistemáticamente
ciudades de otros pueblos?). Por ello, basta con delinear un escueto semblante
en los puntos referidos a continuación, para que el lector investigue y llegue
a sus propias conclusiones. Por supuesto, sin perder de vista que dichos libros
vienen siendo, no solo estructurados dogmáticamente, sino también traducidos,
manipulados, revisados y corregidos, desde hace dos mil cuatrocientos años, y
siempre sosteniéndoselos por un férreo
hermetismo, que llega casi hasta nuestros días.
1)
Moisés argumenta ante el faraón que Dios quiere sacar a
su pueblo de Egipto (Una ciudad) para que pueda adorarlo en el desierto (No
ciudad)
2)
El canto de Moisés dice que Dios los llevará a vivir a
su montaña, y no a una ciudad fundada en su tierra prometida.
3)
El alimentarse y beber en el desierto merced a la
voluntad de Dios, ante las quejas del pueblo que frente a cada dificultad duda
de su Dios y referencia la vida segura en Egipto, podría estar marcando dos
posturas antagónicas en pugna.
4)
Nunca dice que en el territorio que les dará deben
construir ciudades.
5)
El santuario no es más que una tienda de campaña, y no
un templo.
6)
La no construcción de ciudades no es fruto de su
condición de nómadas, pues si fuera así, tampoco podrían sembrar y sin embargo
Moisés escribe regulaciones al respecto.
7)
En la recuperación de tierras y casas, todos los
israelitas obligados a vender por cuestiones de fuerza mayor, podrán recuperar
sus vienes a la postre. Sin embargo quien posee una casa en una ciudad, tendrá
solamente un año para recuperarla, pasado el cual la perderá definitivamente.
8)
Los israelitas piden ayuda a Dios para vencer a un rey
Cananneo y a cambio de esto le prometen
destruir todas sus ciudades.
9)
En la guerra que le ganan al rey Sihón, cuando se
apoderan de sus ciudades y se quedan a vivir en ellas, es en el primer momento
(En el desarrollo cronológico del antiguo testamento) en el cual no hay
referencia sobre que la acción esté dirigida por Dios; quien solo interviene
después del hecho consumado, para decirles que sucederá lo mismo cuando
enfrenten a Og, rey de Basan.
10) Cuando Balaam es llamado para maldecir a Israel
y termina bendiciéndolo por orden de Dios, en su segundo canto alaba las
tiendas de campaña de los israelitas, mientras que en el tercero anuncia que
estos destruirán todas las ciudades de sus enemigos.
11) Cuando las tribus de Rubén y Gad eligen donde
vivir y terminan construyendo allí sus ciudades, Moisés no lo consulta con
Dios, sino con Josué, Eleazar y los sacerdotes de las tribus de Israel. Antes
de esto Moisés consultaba con Dios hasta cuando era propicio lavarse las manos.
12) Al llegar al capítulo 33 y hasta el final del
libro Números, todos los capítulos parecen un anexo al libro original con el
cual se le pone un fin al mismo. Es allí, en el capítulo 35, donde por primera
vez aparece referencia directa de Dios, sobre la construcción o distribución de
ciudades.
Es muy necesario
aclarar aquí que no es intención de este autor cuestionar las leyes o mandatos
morales de los escritos antes mencionados. La manipulación dogmática a la cual
refiero no va en tal sentido. Era muy necesario para los israelitas y es muy
necesario en general, que un pueblo tenga leyes y pautas morales, reveladas o
no, con las cuales solventar su progreso y evolución. Sin dudas el aporte de
Moisés (O de aquellos a quienes Moisés representa simbológicamente) al dotar a
su pueblo de estas herramientas de civilidad, fue una tarea, no solo titánica,
sino también encomiable. Mi argumentación no va en contra, ni de él en
particular, ni de ninguna religión en especial, solo intento demostrar con
argumentación más o menos sólida o consistente, que el deseo original de Dios
estaba puesto en la no materialidad del hombre, y que al verse empañado ello
por la desobediencia de Adán y Eva, su intención siempre fue mantener al ser
humano lo más alejado posible de la corrupción material, para que la vuelta a
la perfección espiritual primera, se diera, no solo cuanto antes, sino también
de la forma menos traumática posible.
Conclusión:
Ahora que queda más claro y fundamentado el argumento sobre el deseo inmaterial
de Dios al crear al hombre, podemos adentrarnos en el fin primordial que
persigue este escrito y es el por qué de la muerte y resurrección de Cristo.
Dios quiere que el hombre sea redimido de su
error. Es cuanto anhela desde el preciso momento en el cual encontró a Adán y
Eva escondido entre los árboles (O justificando su falta) y es cuanto a
intentado hacernos llegar a través de los tiempos. El ser material es la consecuencia
del pecado original, y es por ello que todos llevamos esta carga al nacer
materia. Las historias que nos llegan a través de los siglos nos muestran una y
otra vez cómo la lucha del hombre siempre ha sido entre el espíritu y la
materia, y el bien y el mal solo son manifestaciones de este principio. Sin
embargo hay algo que el hombre no puede alcanzar por sí mismo, y es la
incorporeidad. Podemos desprendernos de todo, renunciar a lo material, ofrendar
todos nuestros bienes a Dios, o regalar todo cuanto poseemos a los pobres; pero
mientras estemos aquí, seremos materia; y mientras seamos materia, y por más
que hagamos cuanto hagamos, seguiremos sujetos a la consecuencia del pecado
original… por nuestro cuerpo, por nuestra carne.
Sin embargo la muerte por sí misma no nos
librará del apego a lo material. No serviría de nada volarse la cabeza de un
balazo después de haber renunciado a todo; ni ayunar en oración hasta morir de
hambre para desprendernos de este cuerpo buscando con ello agradar a Dios. Vale
recordar en este momento que Dios es inmaterial, y por ello jamás podremos
acceder a él desde una producción material, sino desde una espiritual. El acto
de fe es simbológico, como simbológicos han sido siempre los mandatos divinos;
y la restauración del plan original de Dios para con los hombres también se da
por manifestación simbológica. El desapego a lo material es un símbolo de
comunión con la deidad, pues esta es espíritu. Y la renuncia al cuerpo material
consecuencia del pecado original, será también dada simbológicamente.
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