domingo, 1 de julio de 2012

Los textos santos


  Todos los libros sagrados son dogma. Si bien las creencias religiosas fueron, en principio, una explicación mágica de cuestiones terrenales o especulaciones metafísicas, que buscaban el fomento de la hermandad entre los individuos, con el correr de los siglos generaron mitos y leyendas de transmisión oral que derivaron en la formación moral de las comunidades. Cuando las sociedades empezaron a desarrollarse, las religiones, al ser las formadoras del individuo, tomaron la delantera en el manejo social. El poder emanado de ello, llevó a la necesidad de delinear determinados parámetros en las creencias, con el fin primordial de circunscribir dicho poder en las manos adecuadas. Así, las castas sacerdotales decidieron cuáles mitos y cuáles leyendas serían aptas a sus fines y cuáles no, dando origen a los primeros libros sagrados.
 La gran mayoría de los textos santos, de todas las religiones del mundo se definieron por recopilación de historias, orales o escritas, preexistentes; y  fueron concebidos por la necesidad de definir una creencia determinada, en contraposición con otras creencias que le hacían frente, o pretendían ocupar su lugar; es decir, como una forma de coaccionar a determinado grupo en torno de sí. En definitiva, el dogma, sea cual fuere éste, es una forma de poder; de utilizar un conocimiento o creencia a fin de organizar y administrar un poder determinado para mantener unido a un grupo, o para sojuzgarlo.
 Esto no busca ni pretende cuestionar la santidad de ninguna religión en sí, (pues ello iría en contra de este trabajo) sino solo poner en contexto el rol del texto sagrado de las religiones, a las cuales no escapa la judeocristiana. Es la creencia de este autor, que sin dudas  existen chispazos de inspiración divina en los textos, y que algo del mensaje de Dios a los hombres puede transpolarse de los libros, pero definitivamente, el armado y concepción de dichos libros a lo largo de la historia, poco ha tenido que ver con mandatos o decisiones celestiales.
El poder, casi por definición, va en contra de las libertades del hombre que proclaman todas las religiones, pues requiere del sometimiento del otro para ser ejercido; pero las religiones son poder. Y el reglamento que organiza ese poder, está dado en sus textos sagrados, los cuales fueron minuciosamente confeccionados con ese fin. De este modo, todos aquellos profetas, apóstoles, o emisarios divinos llenos de gracia que hubiesen dejado un escrito que pusiese en duda esta administración del poder por parte de las castas religiosas, fueron marginados del canon santo y convertidos en apócrifos; mientras que todos aquellos que podían ser manipulados o utilizados a los fines del poder clerical, pasaron a ser santificados con la inclusión en el libro santo. Cuáles eran los textos más fieles al espíritu de la creencia en particular, fue secundario a la ora de definir el dogma, pues un dogma está dado para administrar; y la administración es, en sí, un ejercicio de poder. De este modo, es sencillo concluir que los textos que integran el dogma de cualquier religión, seguramente no sean los que expresan con mayor fidelidad el espíritu original de esa religión. Sin embargo, los textos incluidos en dichos libros no fueron confeccionados con tal fin (En la mayoría de los casos), sino que venían de mucho tiempo atrás, de una época en la cual la religiosidad era mucho más espiritual que política, y con trabajo y empeño puede percibirse en ellos el espíritu original en el cual fueron concebidos.
 Cuatrocientos años antes de nuestra era, comenzó lo que, dentro del dogma judeocristiano, es conocido por muchos con el nombre de “Los cuatrocientos años de silencio”. Estos cuatrocientos años de silencio refieren a un periodo en el cual Dios deja de comunicarse con los hombres a través de sus profetas, y culmina, según la cristiandad, con la venida del Cristo. Al saber de los teólogos este periodo de silencio tiene relevancias místicas relacionadas con el comportamiento del pueblo judío para con Dios, y con el advenimiento del redentor. Sin embargo, dicho silencio se produjo por razones un tanto más terrenas. Doscientos años antes del silencio, (600 AC.) al ser los judíos deportados de Babilonia, comenzaron a forjar sus rasgos nacionales definitivos; y para ello, era menester trazar los lineamientos finales, no solo de su religión, sino también de su sistema social y legal. Es decir, necesitaban delinear su dogma. (Vale recordar aquí que hasta muy entrada nuestra era, las religiones eran las encargadas, no solo de la espiritualidad, sino también de la jurisprudencia, la contención social, y la educación) A este fin comenzó la recopilación de textos, mitos y leyendas, en lo que más tarde se conocería como La Torá, el primer texto sagrado del Judaísmo. Esta recopilación de leyes y tradiciones que estableció las bases de lo que sería su identidad nacional, era, a su fe, palabra revelada de Dios el altísimo, y siendo que Dios ya se había manifestado con ellos dándoles un dogma el cual seguir, todo profeta o enviado divino que pudiere venir después de ello era, no solo innecesario, sino también incómodo al grupo dominante que había seleccionado los textos que mejor servirían a sus fines.
 Es decir, cuando los hombres hubieron terminado de decidir cómo se administraría la ley de Dios, doscientos años después de iniciada su labor con la culminación del Pentateuco (400 AC.), no necesitaban que viniera Dios a enviarles un profeta que les dijera que estaban equivocados o debían corregir tal o cual cosa; y fue por esta razón que los años posteriores a dicha finalización de ese primer texto sagrado fueron de silencio. No porque de hecho se hubiera cortado una comunicación mística de Dios para con los hombres, sino porque los hombres se encargaron de anular todo vestigio de comunicación que pudiera ir en contra del dogma que habían forjado.
 Si leemos el antiguo testamento como una continuidad, y no deteniéndonos en el mensaje oculto detrás de cada literalidad como nos han enseñado, podemos notar con claridad como todo el texto redunda en un justificativo constante, mucho más del hombre hacia Dios, que de Dios hacia el hombre. Se presenta bastante claro cómo un grupo, puesto a mostrarse como pueblo elegido, debía justificar el por qué de sus calamidades históricas, resguardando la integridad infinitamente justa y omnipotente de su Dios; llegando a la conclusión que solo se podía argumentar que tanto exilio y esclavitud, era posible porque Dios los castigaba al ser malos y desobedientes. Si Dios el altísimo eligió un pueblo de entre todos los pueblos, ese pueblo tendría que, obligatoriamente, haber gozado de ciertos beneficios terrenos; pero si esos beneficios terrenos no podían encontrarse en el repaso de su historia, ¿entonces cómo podía ser el pueblo elegido por el único Dios verdadero? Solamente fue posible si Dios, al ver que no entendían su mensaje, se vio en la obligación de castigarlos. Y entonces tenemos un antiguo testamento plagado de relatos que nos explican por qué al pueblo que mejor le tendría que haber ido en el desarrollo de la historia mundial, siempre le ha ido tan mal.
 La conclusión en este punto es bastante obvia, el canon sagrado de las religiones fue proyectado como dogma por hombres que necesitaban ejercer su poder sobre otros hombres, y la inspiración divina que pudo haber movido a aquellos primeros escritores de textos sueltos y diseminados antes de la gran recopilación, no fue muy tomada en cuenta por los doctos de las religiones a quienes les era mucho más importante el gobernar, que el bregar por la espiritualidad de su nación. Esta historia, se repite a lo largo de todas las religiones que han ostentado un poder secular, y no es ajena al mismo Cristianismo cuando este se convierte en fe oficial del imperio Romano y se ve en la necesidad de recopilar textos para diseñar su propio dogma.
 La Biblia, tal y como hoy la conocemos, no es más que otra compilación de textos en pos de un dogma. Textos que fueron seleccionados dejando a muchos otros textos de lado. Y si somos capaces de considerar que las mismas personas que forzaron las fechas de su liturgia para hacerlas coincidir con las de dioses paganos romanos, que vendían indulgencias asegurándoles el paraíso a reyes pedófilos y homicidas para construir una fastuosa catedral, que destruyeron la mitad de la monarquía Europea quedándose con sus vienes durante las guerras de Las Cruzadas, que quemaban gente en la hoguera con el mismo fin o por solo pensar distinto, y tantas otras aberraciones más, tuvieron la inspiración divina para elegir los textos más acordes a su fe, por sobre los más acordes a su conveniencia, entonces es posible que este autor este completamente equivocado en su argumentación. 
 Más allá de esto, y como dije en un principio, los textos venían de antes; de un tiempo donde la idea de utilizar la fe para dominar al prójimo no había madurado aún en la mente de los hombres. De un tiempo donde la explicación metafísica de los acontecimientos incomprensibles daba cierto grado de certidumbre a la razón del ser. De un tiempo donde el hombre, sin dudas, tenía una cercanía más genuina y directa con su Dios y era permeable a la inspiración Divina a la hora de preguntarse sobre ciertos temas trascendentes. Si leemos los textos sagrados (sobre todo El Génesis, por ser el más antiguo) sin el temor que supieron inculcarnos los dueños de las verdades absolutas; es decir, sin miedo a arder en el infierno cuando nuestros ojos no leen de la manera que nos han enseñado; podremos notar que la verdad que los textos encierran no está en la palabra escrita, sino en el mensaje que de ella trasciende. Porque este mensaje es mucho más profundo y revelador que el discurrir sobre la literalidad de si: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” quiere decir que la primera cosa creada fueron los cielos, e inmediatamente después vino la tierra; o si que el hombre no tenga una costilla menos que la mujer echa por tierra toda la teoría creacionista.
 Cuando leemos en un poema: “Tus ojos de cielo” no lo interpretamos literalmente, ni nos perdemos en vastas elucubraciones sobre la sustancia que componen a un par de ojos para ser de cielo, sino que lo tomamos metafóricamente, entendiendo que el autor esta refiriendo al color de sus ojos, o a la pureza de los mismos, o etc. No hacemos igual al leer textos sagrados, pues fuimos entrenados en el temor al castigo eterno. Si leyéramos a Platón tomándolo como un enviado divino, no podríamos discernir entre sus ideas verdaderamente iluminadas y las que eran fruto de las concepciones limitadas de su época, o su propia formación o visión del mundo; y nos perderíamos del sentido real de sus textos en pos de la sobre valoración de una literalidad nociva e innecesaria. Los textos sagrados siguen los mismos principios que los anteriores, pues su estructura literaria podría definirse como poética y filosófica, debiendo entonces leerlos desde ese estilo, para poder comprender el espíritu original escondido en la pluma del autor; y nótese que digo “autor” y no “recopilador” pues, de nuevo, los libros santos no fueron escritos por las mismas personas que los editaron, y sus intereses eran muy distintos.
 Otra intervención clásica del pensamiento religioso es evitar la pregunta de “¿por qué fueron escritos dichos textos?”. La estructura de pensamiento tradicional de las religiones argumenta lo impropio de preguntarse: ¿Por qué?, sustituyéndolo por el: ¿Para qué? esto no es más que una construcción doctrinal de sometimiento a la autoridad clerical. Si indagamos en el concepto notamos lo arbitrario del mismo, pues ¿Por qué? es una pregunta de origen, mientras que ¿Para qué? lo es de término. No podremos nunca saber ¿Para qué? (Con qué fin) ocurrió algo, sin antes saber ¿Por qué? (A raíz de qué causa) se produjo. Es decir; ignorando el ¿Por qué? cualquier ¿Para qué? es aplicable; siendo esto funcional a las castas dominantes, que evitan discernir sobre cuáles eran las necesidades que llevó a las comunidades antiguas al redactar sus textos sagrados (Por qué lo hicieron), para poder argumentar a favor de causas estrechamente relacionadas con sus fines actuales (Para qué fue hecho). Es un ejercicio muy frecuente en los talleres literarios, tomar frases sueltas de un texto determinado, para construir con ellas un escrito nuevo y diferente. Del mismo modo si a un autor se le entregaran fragmentos sueltos de las más terribles tragedias de Shakespeare, éste podría armar con ellos una comedia romántica. Las ideas originales del autor siempre permanecerán en el escrito, y siempre podrán ser rescatadas de él; pero si nos quedamos en la lectura del recopilador, solo podremos leer la obra que él armó y nada más.

3 comentarios:

  1. buenas

    soy un agnoateo de ya casi 40 criado en el catolicismo romano mas dogmático posible. era el texto que estaba buscando... no desactives este blog!


    que loco que me llegue esto recien pasada la pascua

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  2. interesante teoría. qué pensás de la frase dónde se dice que usó tierra y agua para crear a adán? fue antes del pecado original, según entendí de chico.

    si la cronología de la creación marca que primero separó la luz de la tiniebla , luego los cielos de la tierra... no sé en el primero de los dos binomios pero, en el segundo, no tengo dudas que ya está describiendo al autor un mundo material antes de la creación misma del hombre. en un mundo, edén o lugar inmaterial no creo que fuera necesario ninguno de estos pasos a no ser que el dios quiera, en realidad, generar materialidad donde no la había. osea crear el universo y las cosas materiales. luego dios toma barro y crea al hombre. luego este peca y es expulsado por dios.

    por otra parte... si una deidad es perfecta, vive en su entorno de perfección y crea a un ser también perfecto, este ser sería tan perfecto como él ya que la perfección no amerita grados, puede ser?

    dicho esto: por qué le crea a una mujer a este ser que corona y pone fin a toda su creación si este ser que es tan perfecto como él, (dado que si fuera menos perfecto no seria perfecto) no necesitaría compañera ya que dios mismo no la tiene (o la tiene?).

    al decir que la creación terminada con estos dos seres perfectos no estaba pensada para procrearse dado que todo era espíritu y no moría, cual es el motivo de la creación de un hombre y una mujer, en vez de dos del mismo sexo? cual sería el motivo por el cual todos los animales, que también eran espíritu en ese edén espiritual, tuvieran un espécimen masculino y otro femenino?

    muy bueno el blog... desde ya te anticipo que usaré mas de una linea teórica del mismo para mis argumentos discursivos! je

    saludos

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    1. Hola, Rodrigo, gracias por tus comentarios, me alegran mucho, y no te preocupes que no pienso desactivar el blog. En respuesta a tus preguntas, desde mi punto de vista no hay que olvidar nunca que el autor de esos textos es un hombre (Hayan o no sido concebidos desde la inspiración divina) Mi pregunta sería ¿cómo hace un hombre para describir aquello que no conoce? ¿Qué medios utiliza para describir lo inmaterial? Yo supongo que lo hace partiendo de aquello que le es conocido. ¿Cómo crea Dios al hombre? ¿Cómo explicar esa creación? Desde mi punto los escritores primitivos de estos textos necesitaban entender las cosas de forma palpable y concreta (Otra vez repito, reveladas por Dios o no, eso lo dejo a tu criterio). Necesitaban materializar el concepto. Dios mismo no es un hombre de barba blanca sentado en un trono entre las nubes. Fue necesario materializarlo para entenderlo. Si lees la cronología de la creación de la tierra te das cuenta que está escrita desde un punto de vista humano. Es decir. Esta vista desde la superficie de la tierra, como la vería un hombre mientras sucedía. Eso indicaría que el autor racionalizó desde sí como fue el proceso de creación. Si Dios habló con el autor de aquel relato, de seguro lo hizo en conceptos y no en literalidades. Por eso considero que no se puede literalizar los textos, sino tratar de encontrar el concepto oculto de ellos. Desde este punto tomar barro para crear al hombre podría ser, por ejemplo, un simbolismo de la unidad y armonía entre la creación humana y aquel jardín del Edén. No porque ambos hayan sido de tierra, sino porque estaban hechos de lo mismo.
      En cuanto a la perfección de la creación. (Primeramente aclaremos que hablamos de una perfección imaginada por el hombre desde los parámetros de aquello él considera perfecto. Hay que ver cómo será la perfección de Dios, y que tan preciada o no es a la nuestra) Desde esta visión, es decir la humana, nada puede ser perfecto si quien la habita está obligado a ella. La voluntad humana forma parte de esta perfección y como tal tiene que ser libre e independiente. La perfección no puede, desde mi punto de vista, ser hija del sometimiento, sino de la libertad. Es allí, en este punto, donde paradójicamente, para que algo sea perfecto tiene que caber la posibilidad de hacerlo imperfecto. Este ser creado a imagen y semejanza (En igual grado de perfección) toma una decisión y es esta decisión libre y soberana la cual corrompe a esa creación inmaterial. (Decisión que no es comer una manzana, sino otra que nosotros no podemos imaginar desde nuestra óptica y tal vez solo pueda ser representada desde la materialidad con aquella historia)
      La mujer, (y esto puede ser muy objetado) es desde mi punto de vista, el agregado más humano del relato. No olvidemos que aún en la edad media en el ceno de la iglesia se debatía si la mujer tenía o no alma. Pensamientos tan arcaicos no podían bajo ningún punto poner a la mujer en igual grado de creación que al hombre y la diferenciación como un anexo a él mismo se dio casi por conclusión natural.
      Espero haber respondido en algo tus preguntas; no para convencerte de mis respuestas, sino para ayudarte a pensar las tuyas propias. Saludos y hasta la próxima.

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